martes, 18 de noviembre de 2014

Las intrigas de la Duquesa de Dúrcal

Leticia Dúrcal era una mujer con dos caras. Quizá con más de dos. Para lo que interesa, dos de ellas se pueden ver, incluso, hoy en día. La primera Dúrcal quedó para la posteridad en un retrato –no fue el único– que Manuel Benedito le dedicó en 1910. Por entonces tenía poco más de 18 años y una belleza que, sin duda, facilitó su impactante irrupción en la sociedad madrileña. Benedito pintó un retrato precioso, de esos que Boldini y Laszlo vendían a decenas en Europa y que, para bien o para mal, han desaparecido de la Historia del Arte. Quizá esta sería su cara más conocida, con la que supo convivir (y que siempre fomentó) durante toda su vida.

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Emotivo recuerdo el que realiza José Hernández Barral, un joven historiador que ha realizado ya varios trabajos sobre la aristocracia española en la Edad Contemporánea, de María Leticia Bosch-Labrús y Blat, duquesa de Dúrcal por su matrimonio con Fernando Sebastián de Borbón y Madán, descendiente del rey Carlos III. No fue el suyo un matrimonio feliz por las infidelidades manifiestas de su marido, lo cual llevó a que los tribunales eclesiásticos dictaran sentencia de divorcio en 1928. Falleció en 1981 a los 91 años de edad, dejando dos hijas, María Cristina de Borbón y Bosch-Labrús, heredera del título paterno y casada con el multimillonario boliviano Antenor Patiño (hijo de Simón Iturri Patiño, padre éste de Elena Patiño, madre de la Marquesa del Mérito), y Leticia Fernanda de Borbón y Bosch-Labrús

La Duquesa de Dúrcal retratada por Anglada Camarasa
(Foto Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía)

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