martes, 27 de agosto de 2013

Mimi o el fin de una época

En aquel abril tricolor de España, tras la larga noche en un Hispano Suiza por las carreteras de los Firmes Especiales que había construido bajo la gobernación de Primo de Rivera, Don Alfonso XIII había llegado a Cartagena y embarcado en un buque de guerra camino del destierro. Y desde una Plaza de Oriente, ay, dolor, donde los manifestantes querían repetir la toma del Palacio de Invierno, por una puerta falsa, entre llantos de viejos alabarderos y lealtades de unos pocos íntimos, Doña Victoria Eugenia abandonaba Palacio. Camino de la estación de Galapagar, donde había de tomar el tren hacia Hendaya. De ese adiós a la Reina en Galapagar quedaron dos fotografías para la Historia de España que en parte terminaba allí. En el andén de la estación, sentado en un banco, solo, la imagen derrotada del Conde de Romanones. Y sobre las peñas del paisaje velazqueño, una niña rubia, que esperaba tomar con su padre el amargo tren de las lágrimas de la Corona, acompañando al destierro a su madrina. Esa niña se llamaba como la Reina, que la había sacado de pila en la Cámara Regia de Palacio: Victoria Eugenia. Esa niña rubia que está en las fotografías de la Historia sentada en una piedra de Galapagar y que se llamaba María Victoria murió ayer tarde en su Casa de Pilatos, en una Sevilla de abanicos de octava de la Virgen de los Reyes. 

El resto en este enlace:


Antonio Burgos dedicaba su columna en ABC del día 19 a recordar a la Duquesa de Medinaceli en un artículo breve, pero cargado de afecto, a la que ha sido la gran desconocida de la nobleza española. En apenas tres párrafos se nos muestra a la auténtica Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa, Mimi para sus más allegados: mujer entregada a su adorada Sevilla y los sevillanos, con un sentido del humor finísimo y una entereza sólo comparable a la del santo Job

El empresario Enrique Moreno de la Cova decía el mismo lunes 19 que "ahora es un buen momento para escribir sobre ella", lo cual no deja de ser una prueba de que aún queda mucho por descubrir de esta fascinante mujer, ejemplo para los de su clase y para todos aquellos que la conocieron. 

Ojalá este sentido escrito sea el principio de muchos más que coloquen en el lugar que le corresponde a la extraordinaria persona que ha sido la XVIII Duquesa de Medinaceli, la más insigne de España. 

Podéis seguir a Antonio Burgos en su página web y en Twitter.

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